LA ERA DEL HOMBRE MÁQUINA 2

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A mi cliente el señor Raúl le tuve que suministrar un calmante para que no se excitara más de la cuenta con mi comentario acerca de su familia, y por supuesto ya no hablamos más del asunto.

Poco después hablé con su hija Carla en la sala de estar de su lujosa casa.

- ¿Cómo ve a mi padre? - quiso saber ella con una sonrisa.

- Bien... Pero creo que su padre sufre un trauma psicológico como consecuencia del maltrato que recibió de sus padres cuando era casi un niño - le respondí yo sin ambagues.

- ¡Nooo! ¡que disparate! Él siempre ha sido un hombre muy fuerte; muy seguro de sí mismo con los negocios.

- Sí. Esto es cierto - convine yo-. Pero en realidad lo que él ha hecho ha sido seguir la Ley de la Compensación señalada en su día por el famoso psicólogo Alfred Adler para huir precisamente de la sensación de fracasado, de inútil que su familia le quería endilgar al compararle con su hermana. Su padre es una persona tan voluble como cualquiera de nosotros y durante estos brillantes años de las vacas gordas él a través de los negocios ha querido ocultar ante todo el mundo este desagradable sentimiento que no dejaba de abrumarle. El hecho de no sentirse amado por sus padres es lo que ahora más le duele. Por tanto ahora él como ya no se dedica a los negocios que paliaban de alguna manera su problemática, y la naturaleza humana tiene una trayectoria circular puesto que es en la vejez cuando se recuerda a la infancia ya que los extremos se tocan, ahora este trauma psicológico vuelve a aflorar con toda su intensidad.

-¡Ah no...! Lo que usted dice es pura palabrería. No le entiendo ni una palabra de lo que quiere decir, ni lo quiero entender. ¿Qué importa lo que uno sienta o deje de sentir? Yo hoy puedo sentir de una manera y mañana de otra. Lo que aquí cuenta es ser práctico y fijarse sólo en lo que se toca y en lo que se ve. Pues al fin y al cabo nosotros, los humanos somos como máquinas que un día dejamos de funcionar.  Y una cosa le digo: Olvídese de psicoanalizar a mi padre, de lo contrario buscaremos a otro cuidador que no busque tres pies al gato y que se limite a cuidarlo físicamente. ¿De acuerdo?

- De acuerdo. Usted me ha preguntado y yo le he dado mi opinión.

Aquella superficialidad conceptual de mi "jefa" Carla Font era fruto de un burdo materialismo mecanicista que tenía su origen en un pensador del siglo XVll llamado La Mettrie al hablar del "Hombre Máquina", según el cual se oponía al ridículo idealismo religioso de la época, y decía que no hay ninguna alma en el hombre. Solo hay una tendencia innata del movimiento en las células del mismo y nada más. Y a esta negación del ser; esta hueca materialidad que está subliminada por todas las instituciones económicas y políticas de la sociedad, es la que influía tanto en la señora Carla Font a nivel inconsciente como en mucha otra gente a pesar de la situación social en la que se puede estar.

Vivimos en la era del NO lo cual me parecía que era un tremendo crimen moral.

 Salí de aquella casa y tuve la necesidad de que me tocara el aire para poder respirar con tranquilidad.

 

 

 


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