La Senadora Cadáver: La Foto

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Esta historia que a pesar de la portada Burtoniana que me ha salido, nada tiene que ver con Tim Burton, es algo que tengo en mente darte a conocer desde hace tiempo y que he empezado a escribir una y mil veces y que por mil y un motivos nunca he llegado a culminar, aunque espero poder hacerlo esta vez.

Es una historia real que comienza en Diciembre de 2012, apenas unas semanas antes de Navidad. Una tarde cualquiera de ese mes de Diciembre me escribe Pedro, un antiguo compañero de Diseño Gráfico y me pide que le ayude con un proyecto que tenía en mente para un grupo que creó en Facebook y del que yo también era miembro. Aprovechando mis conocimientos de Photoshop, que son más de nivel medio que alto, me pidió que le ayudara a hacer un calendario para el año entrante con los miembros del grupo, para hacerlo decidimos pedir a todos ellos una foto, reciente a ser posible, para ponerla en cada mes del año, intentando además que coincidiera con su cumpleaños. La cuestión es que una de esas tardes en la que estaba atareado con el calendario, me llegó una que sin saberlo, me marcaría mucho, me marcaría para siempre, era una foto de Virginia Felipe, manchega de nacimiento de un pueblo muerto de hambre.

Al principio era una foto más, una de tantas que tenía para el calendario, y aunque llamaba más la atención que otras por su cara, no dejaba de ser una más, sin embargo y por la curiosidad de ella, con el tiempo dejó de serlo. Una tarde-noche Virginia me escribió por el chat de Facebook, quería saber de que iba todo aquello y para que queríamos las fotos, curiosidad normal ya que no nos conocíamos, y quien sabe para que puede querer un desconocido una foto tuya. La cuestión es que a raíz de ahí, comenzamos a chatear, pasando de hablar de la foto, a hacerlo de nosotros mismos, a preguntar el uno por el otro, y como buena zorra que es, y aún sin ser cara a cara, supo encandilarme más y más con el tiempo, hasta el punto de que tarde a tarde y día a día me fue gustando más y más, y lo peor de todo es que me dejé enganchar.

Sin verlo ni  proponermelo me dejé llevar por un juego de seducción que me atrapaba más y más, que me devoraba como una serpiente atrapa y devora a su presa, porque así es Virginia, una serpiente que te acecha y cuando menos te lo esperas te muerde, se enrosca sobre ti y cuando te ha seducido con su veneno, te engulle y te devora. Y me gustaba, me gustaba verme atrapado por ella en su red, y cuanto más atrapado estaba, más quería, sin darme cuenta y ni tan siquiera pensar que era una red de veneno de la cual me costaría mucho tiempo salir y escapar.

Entrados ya en el 2013, fui uno más de los que sucumbió a Whatsapp, y con ello más me acerqué a Virginia, más me dejé atrapar y más entré en ese juego de seducción que con las semanas y los meses fue a más, mucho más. Nos contábamos mucho más de nosotros, de donde estabamos, de que hacíamos, en definitiva, de quienes erámos, cuentos de los que con respecto a ella, realmente no sabía ni la mitad, y en mucho tiempo no llegaría a saber. Ella era casada y con dos hijos pequeños, y me contaba cuentos del marido, de los que solo la mitad eran verdad, verdades a medias para atraparme y con el tiempo ser uno más de los babosos que se arrastrasen por ella, y yo ingenuo y crédulo, imbécil de mi, me los tragué enteros y crudos, casi sin masticar. Hilario, así se llama el entonces marido, era bastante mayor que ella, como veinte años más, aunque esto tarde tiempo en saberlo, la cuestión es que, según ella, no la trataba bien, y no es que la pegase, pero si la ponía los cuernos frecuentemente, ignorando yo que ella se los devolvía con la misma frecuencia o más, siendo yo uno de tantos con los que se los pondría posteriormente. Me contaba también que en muchas ocasiones estaba ella sola con los niños, ocupandose de debéres y demás, y que en ocasiones llegaba borracho a casa, era bebedor y fumador. E incluso alguna vez me llegó a decir que en el segundo embarazo se sintió sola, como si él no lo deseara. Discutían frecuentemente, esto siempre según su versión, la de él nunca la llegué a saber de su boca, ni oida ni escrita. Tanto peleaban que cualquier cosa podía ser motivo de discusión, hasta de sexo discutían, y es que con la discapacidad de ella, y la cual inmoviliza casi al 100%, todo en el sexo lo tenía que hacer él, lo que le llevó en alguna ocasión a decirle a ella, literalmente, que no podía follar, lo cual no dejaba de ser cierto y le volvería a ocurrir más adelante con otro de sus muchos amantes, pero eso lo leerás en un futuro capítulo. Mil y una historias en las que ella siempre era la victima indefensa, y yo el hombro inocente en el que poder llorar.

Pero no todo en ella era drama y oscuridad, aunque si mentira y falsedad en una proporción bastante alta. Ella por su alta discapacidad, necesitaba y necesita el sexo frecuentemente para sentirse una persona realizada, para sentirse mujer, y por su alta necesidad sexual, es muy seductora, una mantis a la que primero te follas y luego te devora. Y así me sedujo, me la follé y me devoró hasta el alma.

 


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