La Senadora Cadáver: Valencia

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Llegó 2014, continuamos con nuestras largas horas de charla por whatsapp, largas horas hasta darnos la madrugada bien entrada, convirtiendo este affair nuestro en una relación insomne de contarnos y descontarnos mil batallitas para no dormir, seguíamos con nuestros juegos de seducción y sexo a los que tanto gusto habíamos cogido, al menos yo, y en una ocasión, tan solo una, volvímos a vernos en ese hotel de la primera vez donde volvimos a repetir aquella noche en vela, y llegó el verano, en el cual nos veríamos otra vez pero de una manera diferente. 

Ella llevaba muchos meses en su pueblo muerto de hambre con apenas alguna escapadita a Madrid, y tenía ganas de playa, y quien dice de playa, dice de tú sabes que. Así pues se le ocurrió la idea de vernos en Valencia donde aprovecharíamos para celebrar aunque de una manera un poco cutre su cumpleaños y donde nos daríamos lo nuestro obviamente, allí tiene un piso, que por supuesto no es de ella, sino de sus padres, como todo lo demás, y en aquella ocasión sabía que se encontraba vacío, pues había veces en el que estaba habitado por sus hermanos, e incluso por sus padres en alguna ocasión, aunque ya con menos frecuencia, pues ya se hacían mayores. La cuestión es que tuvo la idea de pasar allí alguna noche, y dicho y hecho, así lo hicimos. Aunque esto no era como ir a un hotel, su modus operandi fue muy parecido, llamar a su amigo César, que vivía allí, por lo que lo tenía más fácil aún y así que su asistente Dora no estuviera tan sola mientras yo, como todos los demás, le daba lo suyo, y César, ciego de amor por la boliviana, tardó 0 en decir que si. Una vez más los cuatro fantásticos nos volvímos a juntar. 

Esta vez no tuve que madrugar, saqué billete para salir a mediodia y por estar allí a la tarde, pensando que Virginia haría lo mismo, así tendríamos más tiempo para vernos, sin embargo y por causas de fuerza mayor no pudo ser exactamente así. Yendo en el tren, me llamó Virginia como a mitad del viaje para decirme que su hijo Gregorio, tenía fiebre. Estuvo cerca de suspender el viaje, pero como sus ganas de sexo están por encima de cualquier cosa y persona, y hasta del bien y del mal, se lo llevó consigo a Valencia, pues él además quería estar con su madre. Me encargó comprarle uno de esos jarábes milagrosos que les dan a los niños, en cuanto llegara, y así lo hice. En cuanto me reuní con César que tuvo el detalle de ir a buscarme a la estación, nos montamos en autobús para a la zona de la Playa de la Malvarrosa, que es por donde tenía el piso, y fuimos a comprar el dichoso jarábe. Yo no te niego que tenía las mismas ganas de sexo que ella, no soy ningún santo, de echo en buena parte fui a Valencia por esto, y por ello, en el tren pensaba que el problema del niño ya me había jodido los planes, e incluso me temí que ella no pudiera ir, por lo que ya incluso me veía cambiando el billete de vuelta para esa misma tarde, afortunadamente y gracias a lo viciosa que es, no fue el caso, y aún con niño a bordo todo salió bien. 

Pasé la tarde con César, no pienses mal, buenos compas y nada más. Hicimos tiempo enseñándome un poco el lugar y yendo al paseo marítimo donde se estaba de lujo con el mar al lado, a mi, que llevaba mucho tiempo sin ir a la playa, me supo a gloria. Llegó la noche, nosotros nos fuimos cerca de donde estaba el piso para esperarlas, y por fin, en medio de la espera, pasó un autobús donde la vi a ella, ya llegaban, por fin. Tardaron un poco en llegar a donde estabamos, pero después de tanto esperar, por fin nos volvíamos a ver los cuatro, bueno en esta ocasión 5. El niño llegó con fiebre, ya se sabe que por la tarde-noche suele subir, con lo cual no estaba para muchas fiestas, así que decidimos ir al piso, compramos unas hamburguesas del burguer y p'arriba que fuimos. Ya en el piso, despúes de subir en su ascensor un tanto pequeño, nos acoplamos también como pudimos, yendo ella y yo en silla no es tan fácil moverse en un piso viejo y pequeño, pero nos apañamos. Con el niño delante, nuestras formas y gestos fueron distintos a lo habitual, tenían que ser los de unos amigos nada más, y lo fueron hasta que llegó la hora de "dormir". Teníamos la suerte de tener a Dora y a César, al que hacía tiempo que el niño no veía, para entretenerle, además el chaval dormiría con Dora, mientras César lo haría en otra habitación o en el salón, no recuerdo bien, la cuestión es que con el niño en la cama, nosotros nos fuimos a la que sería la nuestra en la habitación de matrimonio, y allí despues de los preliminares, empezó una de esas largas noches insomnes que nos dábamos. En aquella ocasión si dormimos, y a pesar del calor, bien calentitos después darnos fiesta, y es que ella, como comprobarás en algún capitulo posterior, no tenía ni ponía reparos a tener sexo aunque hubiera menores en el lugar que la pudieran pillar en plena faena. 

No me pararé mucho a contarte el resto de ese viaje porque lo esencial pasó esa noche, una noche más para nosotros. Al día siguiente, fuimos al paseo marítimo, Virginia y yo por un breve espacio de tiempo nos quedamos solos en ese paseo en el que pudimos hablar con libertad y darnos algún que otro beso, y hasta compartir una horchata valenciana, no podía irme de Valencia sin tomarme una. Al niño que por la mañana se encontraba mejor le compraron no sé que cosa y nos fuimos al piso a comer, creo que comimos paella, no sé y la verdad es que da igual. Después de comer y de pasar un pequeño rato de chachara, nos fuimos con más prisa que ganas a la estación porque tocaba volver, y asi acabar otra cita más con ella que se pasó más rápido de lo que llegó. Y con ganas de repetir una aventura así, me volví a Madrid.

 


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