El viajero Parte II

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-Algo no va bien –Se dijo mirando al monitor del ordenador principal.

De hecho, nada iba bien.  El sistema de navegación y la conexión a internet, ambas vía satélite no funcionaban. Reinició ambos sistemas pero no hubo forma de volver a ponerlos en marcha.

Muy extraño, el equipo era completamente nuevo y de última generación. No había escatimado en gastos a la hora de fabricar la nave.

-En fin… -Pensó –.Habrá que volar a la vieja usanza. Afortunadamente el escudo de invisibilidad funcionaba perfectamente, y los motores y el resto de la nave tambien. En realidad, lo único que fallaba era la conexión a la red.

Se preparó para realizar manualmente el viaje de regreso, pero antes miró hacia abajo para ver por última vez aquella ciudad que tanto le gustaba y… aquello no era Roma. O por lo menos no la Roma que él había visitado tantas veces. Sí, se veían muchos de los monumentos que la habían hecho famosa, pero faltaban unos cuantos más, como el coliseo. Además esta ciudad era mucho más pequeña de lo que debería ser. Aunque las siete colinas seguían ahí. Era Roma, pero…

-¿Habré aparecido en otro sitio?- Se preguntó. –Da igual, no tengo tiempo ahora para esto- Ascendió hasta la altura de vuelo y puso rumbo oeste. Rumbo a casa.

Dos horas despues, sus manos empezaron a temblar. Un escalofrío de miedo le recorrió la espalda. ¿Qué estaba pasando? La ciudad no estaba. Su ciudad, donde había nacido, donde se había criado, donde había estudiado. La ciudad en la que vivía su familia, sus amigos… no estaba. Roma era distinta, pero su ciudad ni siquiera estaba.

-No es posible –Volvió a mirar el sistema de navegación pero este seguía sin funcionar.-Aún así…- Era imposible que se hubiera equivocado, no había pérdida posible. Desde Roma hasta ahí era siempre hacia el oeste, completamente recto hacia el oeste. Se había guiado por el Sol, cierto. Pero eso para él no era un problema, sabía orientarse muy bien.

De todas formas, la ciudad no, pero el gran río que la atravesaba sí estaba. Ahí estaba en toda su grandeza, con sus famosos meandros y la famosa montaña que destacaba al fondo, unos cien kilómetros río arriba. Descendió un poco y vio que había pequeñas poblaciones a ambas orillas del río. Eso lo extrañó todavía más, ninguno de aquellos núcleos de población debía de estar ahí.

-Ya entiendo lo que ha pasado-Se tranquilizó-. Estoy en otra época. No se qué ha fallado pero no estoy donde debería estar. O mejor dicho, no estoy cuando debería estar.

La cuestión ahora es saber a qué época había llegado. Sin saber en qué año estaba no podría realizar los cálculos necesarios para regresar.

-Y ahora que lo pienso. ¿Cómo he podido errar los cálculos?- Los había repasado una y otra vez antes de salir. De hecho, el viaje de ida había sido un éxito rotundo. ¿Por qué el de vuelta no? Abrió su cuaderno y volvió a repasarlos. No encontró error alguno .

–Muy extraño…

De acuerdo, algo había salido mal. Bien, siempre había sabido que algo así podía pasar. Para averiguarlo, lo primero que debía hacer era relajarse para poder pensar con claridad.

Volvió a coger los mandos de la nave y se acercó a uno de aquellos pueblos. Paró la nave unos cuantos metros por encima de este y sacó los prismáticos para observar a la gente. Vestían de una forma bastante extraña, no era ningún experto en moda pero esas ropas no le recordaban a ninguna época histórica en particular.

El poblado tampoco tenía ninguna particularidad especial. Se veía ni muy grande ni muy pequeño, calculó a ojo que podría tener unos cuatro o cinco mil habitantes. Parecía ser día de mercado, o de feria, pues había una aglomeración de gente en una gran plaza de forma cuadrada que se encontraba en el centro del pueblo, muchos tenderetes a su alrededor e incluso llegó a ver unos cuantos malabaristas y algún músico entreteniendo a la gente. Una iglesia cercana de planta cruciforme le hizo comprender que al menos el cristianismo existía en aquella época.

Se atrevería a decir que estaba en plena edad media, pero los ropajes de la gente, la forma de las casas, de la iglesia… No cuadraba para nada con lo que él conocía.

Volvió a ponerse a los mandos de la nave y se dirigió al norte. Concretamente al pueblo de sus abuelos. Sabía a ciencia cierta que ese pueblo existía desde hacía más o menos unos mil años, eso podría darle otra pista de la época en que estaba.

Puso la nave a velocidad de crucero y en unos veinte minutos se encontraba ya ahí. Pero… también encontró diferencias. Sí, la famosa fortaleza medieval que daba nombre al pueblo estaba en su sitio, pero había algo que no cuadraba. Tenía dos torres del homenaje en lugar de una, y las iglesias de estilo románico que tantos turistas visitaban a lo largo del año…

Había iglesias, pero de estilo románico nada de nada. Además, ni siquiera se encontraban donde debían estar.

-Esto sí que es extraño. ¿A qué época he venido a parar? Nada concuerda con lo que debería ser…

Apenado, se dio cuenta de que estaba empezando a caer la noche. Eso le hizo recordar… -¡Pues claro! El cielo nocturno me dirá en qué año estoy.

Se había descargado en su ordenador una base de datos con la posición y el movimiento de las estrellas desde hacía miles de años hasta la actualidad. En unas horas sabría con total exactitud el dato que ansiaba conocer.

Esperó un par de horas y se alejó unos kilómetros. Aterrizó en un campo en lo alto de una loma y salió de la nave. Afortunadamente la noche era clara y estaba despejada. Alzó la vista y miró las numerosas estrellas que ahí se observaban. No parecía haber cambiado nada a como lo recordaba. Era capaz de reconocer bastantes y constelaciones pues ya desde niño siempre le había gustado la astronomía.

-Estoy en una época no muy lejana en el tiempo de la mía, pero nada cuadra. A no ser…- ¡Claro! No he caído en una época pasada, estoy en un futuro no muy lejano. Por eso está todo tan cambiado.

Pero esa idea no le convencía mucho. ¿Tantos cambios tan grandes en no muy pocos años? ¿Acaso había habido alguna guerra y todo estaba reconstruído? ¿la civilización había empezado de nuevo? No descartó la idea, pero tampoco se veían signos de destrucción en ninguna parte.

Volvió a entrar en la nave y descargó en el ordenador las imágenes que había grabado del cielo y... los resultados que el ordenador le devolvió estuvieron a punto de hacerle caer al suelo por la impresión.

-No puede ser. No es posible, no… -¿Pero qué había pasado? No estaba en el pasado ni en el futuro, estaba en el año en que tenía que estar. Estaba en su época, pero nada era como debía ser. Todo era distinto. Todo había cambiado.

-¡Eso es! Todo ha cambiado – En ese momento lo entendió. En algún momento del viaje algo había pasado, algo había hecho que había repercutido en todo el futuro.

¿Pero qué podía ser? Se había preocupado mucho de no hacer nada, no tocar nada, no hablar con nadie…

Aunque en realidad sí había hablado con alguien. Aquella mujer que le había pedido que salvara a ese pobre chico. Imposible. No habían cruzado ni dos frases.

¿Y si el chico no debería haber muerto? ¿Y si había muerto por su culpa? A lo mejor le había visto salir de la nave. Pero ¿Una sola persona y un cambio tan enorme? Si esta teoría era cierta ese chico debía de ser algún personaje histórico muy importante y, en ese año al que había viajado vivía un niño que llegó a ser alguien muy, muy famoso.

Debía asegurarse. Debía volver otra vez al mismo día, unas horas antes y buscarlo. Si el chico no era quien él pensaba lo dejaría correr. En caso contrario lo que haría sería buscarse a sí mismo y ver si había hecho alguna cosa de la que no se hubiera dado cuenta.

Decidió descansar unas horas y comer algo. Mañana volvería a Roma.


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