Memorias de un soldado (1)

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Nunca llegaremos a entender lo que una persona puede vivir en una guerra. No sabremos nunca qué se siente al cruzar una esquina donde puede esperar el enemigo. O como el silbido de una bala hace caer a un compañero con el que escasos segundos antes compartías una charla. Nunca notaremos el olor de la sangre o su sabor, ni siquiera respiraremos el polvo eternamente suspendido en una atmósfera de odio forzado por unos ideales que la mayoría de soldados ni siquiera comparte. No conoceremos el dolor de una madre, un padre, hermano o hermana, esposa, marido, hijos e hijas de esos hombres y mujeres que parte a un infierno desconocido, sin tan siquiera saber, si sus cuerpos se fundirán en un nuevo abrazo el día de mañana.

Las cadenas de televisión no retransmiten absolutamente nada de lo anterior. Sólo muestran escenas preparadas para la audiencia, con movimientos perfectamente ensayados y coreografiados. Vemos a soldados alzando banderas con música de fondo y cara de orgullo al contemplar el pedazo de tela que representa a su país, haciendo bullir el fuego del patriotismo.

Nada se cuenta de los muertos y sus historias, nada, salvo los testimonios grabados del soldado Joshep McMilton.

Estas son sus memorias:

Corría el año 2325, la mayoría de los países desarrollados del mundo se unieron en una gran confederación. Por un lado, estaba la Unión Mundial de Países Democráticos o U.M.P.D, formada por los países de la vieja Unión Europea, que tras la crisis energética del 2120 y la crisis humanitaria de los refugiados por la Gran Guerra continental africana del 2122 (que llevó a las naciones africanas a pelear entre ellas por un gobierno único del continente) llevó a Europa al borde del colapso; y por Norte América, formada por Alaska, Estados Unidos, México (anexionado a Estados Unidos y con cierto grado de soberanía aunque siempre con la aprobación de cualquier decisión por estos últimos), y Gran Canadá (formada por Canadá y Groenlandia). Estos países formaban la U.M.P.D. Los “buenos” considerados por ellos mismos.

Y por otro lado estaba el Gran Imperio del Este, formado por la totalidad de los países asiáticos y la Gran Rusia (pasó a llamarse Gran Rusia cuando en 2044 y tras la pasividad de los países de la vieja Unión Europea, Rusia anexionó por la fuerza Azerbaiyán, Irán, Irak y Arabia Saudita). Los “buenos” considerados por ellos mismos.

La tensión entre ambas superpotencias fué en aumento poco a poco. Varios cruces de acusación respecto a la propagación del virus Gasio-325, sabotajes a varios centros tecnológicos y de robótica avanzada en ambos bandos y de ciberterrorismo contras IAs militares y de bienestar civil, ocasionó que el 27 de diciembre del 2324, estallara una guerra mundial sin precedentes entre ambos bandos. Joshep McMilton recibió la llamada el 28 de diciembre, dos días después, partía rumbo a tierras europeas.

Durante el viaje en un Goliat-US775 (una aeronave capaz de recorrer la distancia que separa Washington DC con París en poco más de tres horas y media, cargada con más de 2000 soldados y material bélico de nueva generación y alta tecnología, de fabricación estadounidense y con el sello de la New Technology US Force) McMilton recibió a través de su chip militar la última actualización respecto a la utilización de armas tecnológicas y nuevos protocolos militares. “Toda formación e información es poco para lo que se avecina” pensó, miró a su alrededor y pudo contemplar un sinfín de rostros serios y mudos, posiblemente seria lo mismo que cualquier otro compañero podría ver si lo mirase a él. Una voz a través del interfono interior de la aeronave avisó a la soldadesca de que en menos de una hora tomarían tierra en París, por lo que McMilton aprovecho esos últimos instantes de tranquilidad relativa para grabar su primer mensaje:

- Estamos llegando a Paris, Europa nunca me ha gustado mucho, pero he de reconocer, que la vista de la Nueva Torre Eiffel debe ser espectacular. Te enviaré una foto cuando lleguemos, no esperes que salga guapo, no me ha dado tiempo a afeitarme – tras este último comentario McMilton hizo un breve silencio mientras sus pensamientos se agolpaban en su mente – Te quiero Anna, por favor, cuida de nuestra pequeña, te mando un beso.

Tras finalizar la grabación, un pequeño holograma se manifestó a escasos centímetros sobre su muñeca, lugar donde todo soldado perteneciente a la U.M.P.D disponía implantado dentro de su exotraje militar una pequeña grabadora de voz modelo FastVoiceRecord (o F.V.R) y así poder enviar el mensaje instantáneamente a cualquier dispositivo previamente vinculado con distancia ilimitada. Pulso el botón “enviar” y un sonido de confirmación similar a una campanilla de gato (sonido personalizable a gusto del individuo) dio fe de que el mensaje había sido enviado al destinatario.

 

Dispongo de un canal en YouTube dedicado a la narración de cuentos y relatos. Algunos son de escritores de esta web! Si te apetece puedes pasarte y echarle un ojo:

https://youtube.com/channel/UCBt4YFgh2NYPJjfO5ErqJFQ


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