Latidos (Intriga/Varios, 2 minutos)

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Él

Se despertó sobresaltado. Eran muy leves, pero ahí estaban de nuevo, una sucesión de golpes que parecían crecer cada noche.

La primera vez que los escuchó no le dio importancia. Achacaba ese ligero retumbar a la actividad nocturna de algún vecino, pero había algo extraño, siempre volvían cuando caía dormido.

Podía jurar que esa rítmica sucesión de golpes procedía de la habitación contigua. Pero eso no era posible. En lo que iba a ser su futuro despacho no había nada, salvo un extraño armario de madera rojiza.

El armario fue el único objeto que se encontró en el apartamento cuando lo alquiló. No se trataba de un mueble majestuoso, al contrario, llamaba la atención por su sencillez. Pero había más, al observarlo de cerca se podía apreciar que era muy especial. No sólo parecía haber sido tallado a partir de un solo bloque de madera, sino que además desprendía calor.

Aunque al principio le pareció extraño que sus antiguos propietarios no se lo hubieran llevado, pronto cayó en la cuenta que el armario no se podía desmontar. No presentaba juntas, machihembrados o herrajes. Y sus dimensiones eran muy superiores a los vanos de puertas y ventanas, por lo que para sacarlo se tendría que tirar algún tabique. Seguramente ese fue el motivo por el que decidieron dejarlo ahí, en el olvido…

Ella

Latía de nuevo. Al principio torpemente, siempre era así, y sólo durante cortos periodos de tiempo. Necesitaba reservar energía, llevaba demasiado tiempo inactiva.

Su existencia era un misterio para ella misma. Simplemente estaba y deseaba seguir estando. Pero para ello necesitaba de nuevas conciencias con las que conectar y eso sólo dependía del tiempo. Podían pasar meses, años, lustros, pero al final siempre despertaba en algún lugar.

Ahora se sentía viva de nuevo. Sus latidos se estaban acompasando con un receptor, faltaba poco para que fueran uno, y cuando eso fuera así, el corderito acudiría solo. Ella sólo tenía que abrir sus puertas para alimentarse.

Sería su primer bocado, después vendrían otros muchos que la harían crecer. En este mundo había millones de almas con las que conectar.

Jam Louvier, 2022


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