UN 31 DE DISCIEMBRE CON MI PAREJA Y MI EX

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Tal vez, cuando terminen de leer este relato, piensen que soy la villana de la película, la que no tiene corazón, la perversa.

Ese treinta y uno de diciembre, fue una noche muy especial.

Estábamos con mi pareja en la casa de mi ex para pasar juntos la fiesta de fin de año.
Días antes, me mandó un mensaje invitándonos para que fuésemos, pero no le respondí en ese momento.

Al día siguiente, le cuento a mi pareja la propuesta que me había hecho mi ex. Sinceramente esperaba que se negara a ir. Pero me quedé sorprendida frente a su respuesta.

- Si, por qué no, no tengo problema - dijo con una tenue sonrisa artificial.

Conocí a mi pareja actual por internet, una noche de verano. El, sufre una parálisis cerebral, pero a pesar de su condición, desde el primer día que hablé con él, me sentí atraída por su personalidad.

Recuerdo que pasábamos noches enteras hablando hasta el amanecer.

En ese entonces, yo estaba separada hacía varios años y aunque nunca me faltaron candidatos, hacía bastante tiempo que no tenía intimidad con alguien.

Y precisamente fue con él, con quien tuve relaciones por primera vez después de mi separación.

Aunque su reducida movilidad no le permitía hacer ciertas poses en la cama, pude experimentar un lado del amor que hasta ese entonces no conocía. Un lado del amor, donde las caricias, los mimos y las miradas, eran también parte del acto sexual. Pero yo nunca lo había vivido de esa forma. Como diría la letra de una canción de Arjona, tuve sexo mil veces, pero nunca hice el amor.

Sin embargo, para ser sincera, nunca tuvimos buen sexo. Quiero decir, si bien él era un hombre cariñoso y muy respetuoso, me faltaba esa intensidad viril de un hombre que pudiese penetrarme con fuerza, con vigorosidad.

Esa noche de fin de años, al terminar de cenar, todos corrimos las mesas y nos pusimos a bailar. Siempre se armaba el bailongo en las fiestas... era lindo.

En un momento, mi ex, sutilmente me lleva a su pieza. Sinceramente, pensaba que quería hablarme en privado... Pero al entrar, observo que cierra la puerta con llave, se da vuelta y me guiña un ojo acercándose a mí. Yo me río sorprendida, sin entender del todo lo que estaba pasando. Él me dice al oído: te voy a dar el mejor regalo de cumpleaños...

Nos miramos fijamente por un buen rato, sin pronunciar palabra. Luego empezamos a besarnos con ganas, con deseo. Un deseo mezclado con pasión, con culpa, con remordimiento. Un deseo cargado de impotencia.

Entre besos fue desabrochando mi blusa, hasta dejarla caer al suelo. Quería negar lo que me estaba pasando en ese momento, quería reprimir esa pulsión que me estaba llevando a ser infiel.

Pero sin poder contenerme, di un pequeño salto y me colgué a su cintura abrazándolo con mis piernas. Dando unos pasos, me deposita en la cama con suavidad. Yo lo miro con unas ganas locas de ser poseída por él.

Se sube a la cama y empieza a desprenderme con sus manos el pantalón, pero no me lo saca por completo.

Luego me da vuelta y me pone boca bajo.  Acaricia tiernamente toda mi espalda. Se queda ahí por unos instantes, contemplándome. Extrañaba mi cuerpo, extrañaba mi piel y yo lo sabía.

Luego besa toda mi cola, sus carnosos labios recorren mis firmes y redondos glúteos, pasando su lengua caliente. Jadeo de placer.

Ya desnudo, se acuesta en la cama y comienzo lentamente a besar todo su pecho, recorriéndolo con la lengua sedienta de sexo.

Acomodo mi cabello y sigo bajando con mi lengua cargada de tención, hasta llegar a su miembro. Estaba erguido, bien erecto. Jugueteo un rato con la lengua, lo chupo. Paso la lengua por la cabecita, el empieza a gemir de placer. Lo meto dentro de mi boca y lo saco. Hago esto unas cuantas veces, cada vez más fuerte. Sentía como entraba hasta mi garganta. Me atoro, al intentar meterlo todo en la boca.

Me incorporo y subo arriba. Observo su rostro colmado de placer. Introduzco su miembro en mi vagina, siento su dureza y me vuelve loca, entraba hasta el fondo, me dolía, pero me gustaba ese dolor. Lo monto con furor, desahogando toda mi ansiedad contenida. Cabalgo rápido, arrojando en esa acción, todas mis ganas, toda mi fiereza. Pone sus manos de mi cintura para ayudarme a que la envestida sea aún más fuerte, más contundente.

Estallamos de placer, al sentir su líquido seminal mezclarse con mis flujos.

Vuelvo al pateo. Mi pareja estaba en su silla de ruedas tomando un champagne con los amigos y familiares de mi ex.

Le doy un pico, diciéndole te amo…


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